Hablo de tu infinita soledad
dijo el fulano,
quisiera entrar al saco de tu memoria,
apoderarme de ella,
desmantelarla, desmentirla,
despojarla de su último reducto.
Tu soledad me abruma, me alucina
dijo el fulano con dulzura,
quisiera que en las noches me añorara,
que me echara de menos,
me recibiera a solas.
Pero sucede que,
dijo calmosamente la mengana,
si tu bendita soledad,
se funde con la mía,
ya no sabré si soy en ti,
o tu terminás siéndome.
¿Cuál de los dos será
después de todo
mi soledad legítima?.
Mirándose a los ojos,
como si perdonaran
perdonarse,
adiós,
dijo el fulano;
y la mengana
adiós.
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