Y quizás, hasta tenga sentido...

jueves, 21 de julio de 2011

Es invierno

Es invierno, y mis ojos no toman aún ese tono gris. Es invierno, y mis manos no están lo suficientemente frías, por no decir congeladas. Es invierno, y mi rostro no está lo suficientemente pálido. Es invierno, y mi pecho tiene aún ese tic-tac. Es invierno, y no estoy inventando esas locas historias de amor en mi cabeza mientras miro a través del vidrio del bus, que viaja al siguiente lugar que a mi razón le parezca ya demasiado alejado de donde debería estar.  Es invierno, y no estoy lo suficientemente distraído como para que la gente se dé cuenta de que es invierno. Es invierno y no estoy siguiendo a la niña de la vereda de al frente, pensando que es la mujer que vuela, y que en la quinta cuadra ya no lo parece tanto, y que definitivamente en la cuadra número siete, tiene ya sus pies bien anclados al piso y su mirada invernal, es ya una mirada veraniega. Es invierno, y ese par de notas de un piano ya no me hace imaginar con ese típico abrigo largo, bufanda, y los chochos alocados sobre los hombros, recorriendo esa ciudad al estilo de París o Venecia (como si París y Venecia tuvieran algo en común. En mi cabeza creo que si), nuevamente desde la ventana del bus, aunque esta vez camino a donde debía ir. Es invierno y ya no imagino que veo la puesta de sol número cuarenta y tres en un día. Es invierno y ya no imagino lo que imaginaba en invierno, y ni siquiera imagino que estaba imaginando que en realidad casi todo en mi vida es producto de mi imaginación. Hablo de imaginación y ya me olvido que estaba hablando de invierno, aunque imaginación e invierno tienen mucho en común, específicamente lo único que puedo decir con seguridad es que la imaginación era lo único en mi, que no se congelaba con el frío invierno. Me gusta repetir muchas veces la palabra invierno, porque me ayuda a imaginar lo que escribiré después. Es invierno y ya no imagino que al llegar al colegio me informan que se suspendieron las clases y que me devuelvo feliz porque podré disfrutar de un día enterito conmigo mismo, con yo y mis rutinas, que repito una y otra vez, paso a paso, manía a manía, disfrutando cada pequeño placer de la vida, aunque no sé si tan disfrutando, si tan feliz. Es invierno, y no estoy imaginando mientras camino que la gente me mira e imagina cosas de mí. Es invierno, y ya no me desilusiona el que cada mujer que se interese en mi, a mi no me interese, o que a cada mujer que me interesa, yo no le intereso, o que cuando una mujer me interesa y yo le intereso, al otro día ya no hay interés de por medio. Es invierno, y a veces ni cuenta me doy. ¿Por qué? ¿Qué sucede? ¿Qué es todo esto, los síntomas? ¿Efectos de la enfermedad? ¿Será esta una enfermedad, o será que ya estoy curado? No lo sé, por el momento lo único que sé es que no me importa, no, desde que estás tú, en mi raro invierno de hoy. Puede parecer que el noventa y nueve por ciento de esto habla de mi, pero no, y te sorprenderás al leer esto, pero… el cien por ciento de esto habla de ti, si, de ti, tú que estás leyendo, tu, que podrías haber sido uno más de mis pretextos para escribir estas cosas que jamás nunca nadie leyó, y sin embargo te convertiste en el porqué este frío invierno deje de imaginar, y comencé a vivir.

2 comentarios:

  1. Porque me enamoré de ti un día de invierno...
    Aunque ahora que lo recuerdo, en aquella época era todo mucho más helado...

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